¿Te gusta la comida gratinada?¿Y unas buenas papas gratinadas al estilo francés? Veamos como vivian los judíos en Francia

Historia de los judíos en Francia

La historia de los judíos en Francia se remonta a los inicios de la Era Común, con el exilio de ciertos miembros de la clase dirigente de Judea a Galia. La presencia judía en la Galia romana es testificada por varias fuentes, tales como Gregorio de Tours y los descubrimientos arqueológicos. En la Edad Media, los radhanitas impulsaron el comercio internacional. En el siglo XI, Francia se convirtió en un polo de atracción de la cultura judía, albergando en el norte a las comunidades de Tzarfatim,7 de origen askenazí, y a los judíos de Provenza al sur; sin embargo, a esta época le siguen las Cruzadas en el siglo XII, los procesos entablados al Talmud en el siglo XIII y las expulsiones más o menos temporales del siglo XIV. Estas medidas golpearon al conjunto de la comunidad judía, con excepción de los judíos comtadinos (del Condado Venaissin), protegidos por el Papa.

El siglo XVI fue testigo de la llegada a Burdeos de una población particular: los nuevos cristianos provenientes de Portugal. Si bien algunos de ellos adoptaron efectivamente el catolicismo, la mayor parte continuó practicando el judaísmo en secreto.

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En el siglo XVIII, la Revolución francesa fue seguida por una mutación profunda y decisiva para el judaísmo mundial: Francia fue el primer país de Europa en emancipar e integrar a los judíos en la nación; sin embargo, esta adquisición de la igualdad ante la ley suscitó un renacimiento de un antisemitismo típicamente francés, el cual se reveló en el Caso Dreyfus a fines del siglo XIX. Provisionalmente contenido, el antisemitismo regresó con fuerza en el siglo XX, en la Francia de Vichy. Debido al Holocausto, la comunidad judía fue profundamente marcada por la desaparición de un cuarto de sus miembros y, en particular, de los judíos extranjeros presentes en territorio francés en 1940. Esta tasa de mortalidad es, sin embargo, marcadamente inferior a aquella de otros países de Europa ocupados por el régimen nazi, como los Países Bajos o los países de Europa central. En Francia, la memoria judía no se reconstruyó progresivamente sino a partir de los años 1970.

En los años 1950 y 1960, se incrementó un fuerte flujo de judíos sefardíes y transformó la comunidad judía francesa que perdió su carácter mayoritariamente askenazí. En efecto, los judíos pieds-noirs fueron obligados a abandonar África del Norte tras la independencia de Marruecos y Túnez en la década de 1950, de la Crisis de Suez con Egipto en 1956 y, sobre todo, de la pérdida de Argelia en 1962. La mayor parte francesa o francófona se refugió principalmente en Francia y en Israel.

Actualmente, la comunidad judía de Francia está conformada por 488.000 personas, según la Agencia Judía,8 lo que la convierte en la comunidad judía más importante de Europa. Los judíos franceses se reparten principalmente en las ciudades de París, Marsella, Lyon, Niza, Tolosa y Estrasburgo. Esta comunidad, en su mayoría sefardí desde hace algunas décadas, se caracteriza por su gran diversidad con respecto a la tradición, desde los jaredíes (judíos ultra-ortodoxos) hasta los judíos asimilados.

TESOROS CULTURALES DE LOS JUDIOS EN FRANCIA

PRESENCIA JUDÍA EN BESANÇON

Sinagoga de Bensazon2 Sinagoga de Bensazon

La Comunidad Judía de Besançon celebra su 134º aniversario de la inauguración de su sinagoga. Lo invitamos a conocer no solamente su sorprendente edificio sino también la historia de sus hombres y mujeres, que de generación en generación han dado testimonio de su total identificación con el pueblo de Israel.
En el S. XIV, Besançon y sus alrededores constituían un lugar privilegiado en las rutas comerciales entre Italia y Alemania. Se sabe que ya en 1393, se hallaban instaladas doce familias judías. Al año siguiente, el Rey Carlos VI expulsa a los judíos de su reino. El Duque Filippe le Hardi hace lo mismo en su Ducado de Bourgogne. Pero sucede que Besançon, es una ciudad imperial y no es posible entonces, que pueda ser alcanzada por estas medidas y por lo tanto pasa a servir de refugio para los judíos expulsados de los estados vecinos.
El primer cementerio judío está situado en Calmoutier al norte de la ciudad: la comunidad estaba constituida por carniceros, banqueros, orfebres, etc.

En 1465, la Municipalidad vende terrenos comunales que servirán de cementerio para los judíos.
En 1693, en los registros de la deliberaciones municipales se establece la prohibición a que deben ser sometidos los comerciantes judíos para trabajar en la ciudad, sin haber sido registrados, les está prohibido permanecer más de tres días seguidos, y no podrán realizar ninguna venta sin la asistencia de un síndico ó inspector municipal.

En 1736, el 8 de mayo, los judíos de Metz reciben la autorización para poder ejercer el comercio, aunque sigue vigente la prohibición de permanecer por más de tres días, hasta que en septiembre de 1791, los judíos obtienen la ciudadanía francesa, poco tiempo después del triunfo de la Revolución Francesa.
Los progroms estallan entonces cerca de Alsacia, los judíos son colgados cruelmente de los ganchos de carnicería, los sobrevivientes huyen hacia el sur y muchas familias se instalan en Besançon.
En 1792 estas familias elevan un petitorio a la Municipalidad para la instalación de una sinagoga, poco tiempo después obtienen la autorización para reunirse en el antiguo Convento de Cordeliers (en la plaza del Collegio St-François Xavier, luego convertido en el Liceo Pasteur). Pero muy rápidamente estas familias son atacadas por un diario jacobino “La Vedette” que les reprocha su continua fidelidad hacia el judaísmo y su respeto por el sábado. En 1793 son obligados a cerrar sus lugares de rezos
En 1808, las estructuras de las comunidades judías son profundamente modificadas, pasándose a una organización central a la cual adhieren las diferentes comunidades. Por decreto del 24 de agosto de 1857 la Comunidad de Besancon es ratificada en el Consistorio de Lyon luego de un tiempo de haber estado adherida a la circunscripción de Nancy. El número de familias judías que se instalan en Besançon aumenta constantemente, se crea un Centro Rabinico por decreto imperial del 1º de agosto de 1864.
El primer Gran Rabino fue Jacques Auscher, rabino comunal de Saint Etienne, a su llegada se encuentra con una pequeña sinagoga que una centena de judíos pudientes habían hecho construir en 1831 por el arquitecto municipal Marnotte, está situada en el número 19 de la calle Madeleine, con un frente caracterizado por ventanas ojivales.

Visto el estado de vejez de esta sinagoga y teniendo en cuenta el crecimiento de las familias judías en Besancon (120 representando a 650 personas) el rabino Auscher y el Consistorio de Besancon toman como prioridad la construcción de una nueva sinagoga, el 17 de Octubre de 1865 el Consistorio decide la adquisición de un terreno en la esquina de las calles Morand y Proudhon, en el nueva barrio de Clos St-Amour, y se le otorga la construcción al arquitecto M. Hirsh un profesional destacado de Lyon.
Los propietarios vecinos expresan su desacuerdo con esta medida argumentando en su oposición que los terrenos debían ser afectados a viviendas. El Consejo Municipal le pide entonces a la Comunidad que busque otro emplazamiento para su sinagoga. Finalmente se decide la edificación en el importante Quai Napoleón. Un decreto imperial del 22 de Mayo 1867 autoriza la compra del terreno y la Comunidad le confía el proyecto y construcción al arquitecto Marnotte, con el fin de que el templo sea “lo suficiente para el presente y el porvenir” y que sea ” un monumento de estilo morisco”.
El 18 de noviembre de 1869, la sinagoga es inaugurada en medio de una enorme convocatoria popular. En esta ceremonia de inauguración el banquero Veil-Picard dona a la Sociedad de Beneficencia de la Comunidad, la suma de 1.000 francos “destinada a ser distribuida en auxilio de la familias indigentes católicas y protestantes de la ciudad”.

Aquel que mira por primera vez la fachada de la sinagoga se queda perplejo en cuanto al destino de esta edificación. Sino fuera por las Tablas de la Ley talladas, que engalanan su frente, ningún otro elemento arquitectónico hace referencia al judaísmo.

No se conocen las razones que han conducido a la comunidad de Besançon a elegir este estilo único en Europa, las cúpulas, los frisos esculpidos con motivos geométricos, constituyen elementos arquitectónicos inspirados y hallados en determinadas mezquitas. Se entra por una gran puerta a dos hojas ornamentadas con vitreaux en sus partes superiores. De cada costado del vestíbulo una escalera conduce a las galerías reservadas a las mujeres.

Una luz suspendida delante del arca brilla sin interrupción, es la luz eterna” le Ner-Tamid (la lumière éternelle)” que simboliza la luz eterna del Templo de Jerusalem.
El diseño de la sinagoga de Besançon es característico de las sinagogas francesas del siglo XIX. La iluminación natural del edificio está asegurado por las cinco cúpulas de vidrio dispuestas siguiendo el eje central. Veinticuatro vitreaux de diferentes formas, con motivos de estrellas colorean las paredes de la sinagoga sobre dos niveles, como también iluminan y dan color al vestíbulo y escaleras de acceso a las galerías.
Las cúpulas y los hermosos vitreaux iluminan esta sinagoga de Besançon con una luz muy dulce, propicia para el rezo y la oración.
COMUNIDAD JUDÍA DE MARSELLA, FRANCIA

Se trata de una de las comunidades judías numéricamente más importantes de toda Francia. La segunda en importancia con una población judía de 80.000 personas.

La presencia de los judíos en Marsella es muy antigua y se remonta a los siglos V y VI. En esta época el Obispo de Marsella, había intentado convertirlos al cristianismo, pero el Papa Gregorio reprendió al Obispo por este hecho. Ya en el S.XII Benjamín de Tudela comprueba la existencia y vitalidad de la comunidad judía de Marsella con sus 300 familias. El Conde Robert de Provence, Rey de Sicilia, los protegerá durante los asesinatos que se produjeron en la Cruzada de los Pastores en 1320. Los judíos gozaron de ciertos privilegios durante el reinado de Luis II. La comunidad medieval judía vivía en una judería (“Carriere” nombre provenzal del guetto). En los siglos XII y XIII, el judaísmo marsellés contaba ya con ilustres talmudistas.
En el siglo XIV, los judíos se convierten en comerciantes, médicos. Para el S.XV ya existen 34 médicos judíos que ejercen su profesión. La elaboración del jabón, fuente innegable de la economía marsellesa fue introducida por el judío Crescas Davin entre 1371 y 1401. Los judíos eran miembros muy activos en la vida de la ciudad, hasta que el edicto de expulsión de 1501 (comprendió a todo el conjunto de la comunidad). De 1501 hasta 1790 no existió una comunidad organizada en Marsella, algunas familias judías fueron toleradas durante este período. A partir de 1785 los judíos comienzan a regresar e instalarse poco a poco y ya en 1790 se convierten en comunidad organizada. Para el S. XVIII la comunidad ya posee una real infraestructura que comprende escuelas, hospital, asociaciones caritativas etc.
Hacia fines del S. XVIII, la ciudad contaba con unas 200 familias judías.

En los inicios del S.XX la comunidad local se incrementa con la llegada de judíos originarios del Imperio Otomano y de Rusia, estos últimos escapados de los progroms.
Para 1933, se agregan y establecen los judíos refugiados de Alemania y de la Europa del este. En 1939-42, Marsella es zona del Gobierno de Vichy, y aun no se hallaba ocupada por los nazis y se convierte en tierra de asilo para los judíos de la Francia ocupada y de los refugiados de Europa, cuenta entonces con unos 40 a 50.000 judíos.

Hoy en día Marsella, con una población de 1.000.000 de habitantes es la segunda ciudad francesa, en cuanto a la cantidad de judíos que viven en ella (80.000). La Comunidad de Marsella ha tenido un desarrollo notable. Cuenta con 44 sinagogas, 20 Centros de Estudios Judaicos y 5.000 fieles que participan regularmente de sus servicios religiosos, 48 rabinos que participan plenamente el desarrollo de las actividades religiosas, 10 centros de Talmud Torá.

Marsella (Marseille en francés, del griego, Massalia; en provenzal, Marselha o Marsiho) es una ciudad y comuna portuaria del sur de Francia, capital del departamento de Bocas del Ródano y de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul (PACA).

Marsella es la segunda comuna más habitada de Francia con una población de 839.043 habitantes, principal centro económico y mayor metrópoli del Mediodía francés, agrupando cerca de 1.605.000 personas en el área urbana de Marseille-Aix-en-Provence. Es el puerto comercial más importante de Francia y del Mediterráneo, tercero en importancia de Europa tras Rotterdam y Amberes, centro de importante actividad industrial especializado en la petroquímica y el refino de petróleo, construcción naval e industrias diversas, es también un nudo de comunicaciones de las rutas de enlace entre París, Italia, Suiza y España. Marsella es sede de un arzobispado y centro universitario de primer orden fundado en 1409.

Sinagoga de Metz

Marsella se desarrolló con el nombre de Massalia como colonia comercial fundada por marineros foceanos hacia el 600 a. C., conservando los restos más antiguos de la viticultura de Francia introducidos en el siglo IV a. C. Sede de un vizcondado en el siglo IX dependiente luego del condado de Provenza, fue incorporada a la corona de Francia en 1481 y aprovechó para su crecimiento de la alianza estratégica de ésta con el Imperio Otomano durante el Renacimiento y el Antiguo Régimen. Tras la Revolución que bautizó con el nombre de Marsellesa, la marcha militar que más tarde se convirtió uno de los símbolos nacionales de Francia, la ciudad fue escenario del llamado Terror Blanco y durante el siglo XIX, escenario de un rápido progreso con la expansión colonial francesa hacia Argelia y la apertura del Canal de Suez. Fue parcialmente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los objetivos de la Operación Dragoon. Lugar de paso tradicional de los flujos migratorios que fueron incrementando el caracter multicultural de la ciudad, la crisis económica de los años 1970 provocó sin embargo un descenso notable de la población, la pérdida de poder adquisitivo y la acentuación de los conflictos sociales en el último cuarto del siglo XX para ir recuperándose paulativamente como una de las urbes más importantes de la región Euromediterránea.
El escudo de armas y la bandera de Marsella son símbolos tradicionales representativos de la ciudad y tienen su origen en la Edad Media. La posterior evolución de la heráldica enriqueció, a imagen de los escudos de armas dinásticos, la complejidad de la seña al incluir según los gustos artísticos de cada época, ornamentos exteriores. El edicto de Colbert de 10 de julio de 1699 por el que se regulaban las armerías del reino de Francia confirmó el uso del blasón tradicional, hasta que tras la Revolución, la Asamblea Constituyente abandonó por un decreto de supresión de 21 de junio de 1790 la tradición heráldica considerada como representativa de las costumbres clasistas del Antiguo Régimen.
El 25 de noviembre de 1815, en tiempos de Luis XVIII, se retomó el uso del escudo tradicional al que se añadieron como tenantes o figuras ornamentales animales, un león con caduceo, símbolo de Mercurio, y de un toro con un tridente a los que se unió una corona mural a partir de 1833. Desde 1883 se difundieron nuevos añadidos como una cornucopia y la divisa Massilia civitas. Otro lema en latín, “Actibus immensis urbs fulget Massiliensis” es también empleado en algunas representaciones: “La Ciudad de Marsella brilla por sus grandiosas acciones
Después de una grave crisis en las décadas de la década de los 70 y los 80, la población de Marsella pasó de 900.000 a 800.000 habitantes. Las autoridades francesas y el Estado Francés decidieron lanzar en 1990 y 2000 un vasto programa de rehabilitación urbana, con el importante programa Euromediterráneo, entre la estación Saint-Charles, la Belle-de-Mai y los antiguos puertos. La ciudad quiere aunar Europa y el Mediterráneo. Hoy, la segunda ciudad de Francia con más de 800.000 habitantes constituye la segunda unidad urbana del país después de París con 1 418 481 habitantes (2006), incluyendo Aix-en-Provence al norte, Martigues al oeste y Saint-Zacharie en el departamento de Var al este. Marsella ha inaugurado en 1999 el Parque del XXVI centenario, en el sur de la ciudad, para conmemorar aquel cumpleaños.
Inmigración
Al tratarse de uno de los puertos más importantes del mar Mediterráneo, Marsella ha sido ciudad de paso para muchas embarcaciones internacionales y convirtió a la ciudad en una urbe muy cosmopolita. A finales del siglo XVIII, aproximadamente la mitad de la población era extranjera, cuyos núcleos principales venían de Italia (Génova y el Piamonte), España y Grecia.

Griegos e italianos llegaron a la ciudad a finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, siendo, durante esta época, el 40% de la población de origen italiano.[14] Otros grupos de distintas nacionalidades que arrivaron a Marsella durante el pasado siglo fueron los rusos, en 1917, los armenios, en 1915 y 1923, los españoles tras la guerra civil de 1936, inmigrantes procedentes del Magreb durante el período que comprendieron las dos grandes guerras mundiales, y los pieds-noirs procedentes de las colonias francesas de Argelia y Comoras. En 2006, la minoría étnica más importante de la ciudad, a nivel de número de habitantes, eran los magrebíes (especialmente argelinos) que constituían 70.000 habitantes. La segunda minoría más amplia eran los procedentes de las Comoras (45.000 habitantes).
Actualmente, un tercio de la población total marsellesa es de origen italiano, el país mas representado de la ciudad muy parejo incluso con la nacionalidad francesa nativa. Además, cuenta con el mayor número de corsos y armenios del país. Otras comunidades importantes de la ciudad son los árabes del norte de África y bereberes (25% de la población total), turcos, comoranos, chinos y vietnamitas.
COMUNIDAD JUDÍA DE METZ, FRANCIA

La comunidad judía de Metz se caracteriza por su antigüedad y su tradición espiritual.
Se conocía la existencia en los años 350 de un obispo Simeón, que sería un judío converso, pero debemos recordar que recién podemos hablar de la presencia de una verdadera comunidad judía en esta villa de Metz, en el Siglo IX .

Y es precisamente en Metz donde nació en 960 Rabí Geshom, un ilustre talmudista cuyo enorme prestigio le valió el título de “La Luz del exilio”, constituyéndose en el líder espiritual de los judíos de su tiempo. Sus decisiones, como en el caso de la prohibición de la poligamia en Europa, brillan aún con toda la luz irradiada por su espíritu ético.

En el año 1096, durante la Primera Cruzada. la comunidad fue destruida y no hubo más judíos en Metz, hasta un siglo más tarde.

Estos eran poco numerosos y se los expulsó en 1385, pero poco a poco retornaron y volvieron a instalarse. Uno de estos judíos, fue quemado vivo, bajo la acusación de “haber profanado la hostia”. Cuando Metz se convierte en ciudad francesa en 1522 se podían contar no más de tres familias judías residiendo en la villa.
En1567 algunos judíos solicitan autorización para establecerse. En 1574 el Rey Enrique III les concede determinados privilegios, lo cual constituye un aliciente para el arribo de numerosas familias. A principios del Siglo XVII ya existían 58 familias. El clero y los comerciantes criticaban duramente su establecimiento y su rápido crecimiento, y la insistencia en su credo. La permanencia en la ciudad fue entonces prohibida a los judíos extranjeros; aquellos que ya vivían, tendrían que hacerlo en un barrio especial. La construcción de la primera sinagoga data de 1619.

Luis XIII confirma en 1632 esos privilegios y cuando Luis XIV acompañado de su hermano, visita Metz, vuelve a confirmar los ya otorgados a los judíos. El Rey visita la sinagoga “con pompa y brillo”. Acuerda también el derecho a residir a 96 familias judías nuevas

Es en Metz donde explotará en 1669 el “affaire Rafael Levy”, este fue acusado de asesinato y posteriormente quemado vivo, este hecho dará lugar a numerosas persecuciones y acusaciones, pero el Rey y sus ministros no modificaran sus buenos sentimientos hacia la comunidad judía de Metz. Luis XV confirmará los privilegios en 1716, Luis XVI actuará de la misma forma en 1777. Pero les fueron impuestos numerosas restricciones: no podían tener el derecho a convertirse en propietarios de inmuebles o de negocios en el exterior del guetto, debían usar un sombrero de color dorado y les estaba vedado salir del guetto los días domingos y los días de fiestas cristianas. Igualmente les estaba prohibido ejercer las profesiones liberales a pesar de que en 1746 se les había otorgado el derecho de estudiar medicina.
La comunidad de Metz estaba administrada y organizada de una manera muy particular. Para tener la certeza de que sería dirigida con imparcialidad, elegía sus rabinos en Alemania ó en Polonia.
En 1759 se les otorga a los rabinos el derecho de ocuparse de los asuntos civiles. En 1743 la comunidad fue obligada a enviar al parlamento una traducción de sus leyes religiosas, pero esto fue dejado sin efecto en 1782. Durante la vida comunitaria, el lugar más importante estaba dedicado a la enseñanza religiosa. Un gran número de rabinos se sucedieron en esta tarea y su autoridad se extendía hasta Alemania y Polonia, podemos citar aquí a los rabinos Moisés Cohen Narol (1649-59), Jona Frankel (1660-69) de Praga, Guerson Oulif (1670 -93), Gabriel Eskelis (1694-1703) de Cracovia, así como también Moisés May, quien fue el primer impresor judío de Metz. Entre los rabinos famosos que ejercieron su ministerio en Metz, es necesario citar a Jonatán Elbechitz y sobre todo a Arieh Loew, autor de ” Schaagath Arieh ” cuya reputación era enorme entre los estudiantes de la Tora. Su lápida se encuentra aun en el cementerio de Metz.
El Conde de Provence, el futuro Rey Luis XVIII, quien al igual que lo había hecho Luis XIV, concurrió a la Sinagoga de Metz, fue recibido por el ilustre Arieh Loew, quien como expresamos antes era el judío más destacado por lo profundo de sus conocimientos. “A aquellos que se asombran de los elogios que yo he hecho, el futuro Rey Luis XVIII responde: judíos ó cristianos, que me importa! yo honro el conocimiento universal cuando este se me ofrece”. El primer rabino de Alsacia reconocido por las autoridades, fue Aron Works, y era originario de Metz.

Se sabe que las opiniones del Abate Gregoire, (Cura de Embermenil, destacado personaje de la época, quien defendió al judaísmo) jugaron un rol importante para la Emancipación de los judíos de Francia.
En 1829 se establece por decreto del Ministerio del Interior, la Escuela Rabínica, que formaba rabinos para todas las comunidades, recién en 1859 esta escuela fue transferida y establecida en París, en la calle de los judíos, en pleno centro de la ciudad, también sede del emplazamiento de la primera comunidad en la calle “Rabino Elie Bloch”, así llamada en recuerdo de un joven rabino, guía de la juventud de Metz, muerto junto a su mujer y su hijo durante la deportación. Frente a la puerta de la sinagoga, esta el nombre del poeta Gustave Kahn nacido en Metz.

Sinagoga de Estrasburgo

Sinagoga de Lille

Gratin Dauphinois

gratinee - copia Gratin Dauphinois - copiaIngredientes

1kg de papas con bastante fécula

300cc de leche entera

300cc de crema

½ cebolla brunoise muy fina

1 diente de ajo, pelado y cortado por la mitad

2 puñados de tomillo fresco y algo más para adornar

Pizca de nuez moscada

50g queso parmesano rallado

Precalentar el horno. Enmantecar una fuente de horno para servir directamente en la mesa (pirex o cerámica).

Pelar las papas y cortarlas en fetas de unos 3mm de espesor. Dejar las papas en un repasador para secarlas hasta preparar el resto de los ingredientes

Poner la leche y la crema en una ollita. Agregar el ajo, tomillo y la cebolla. Calentar lentamente el líquido hasta llegar el hervor y cuando vemos aparecer burbujas en el borde. En ese momento sacar del fuego. Colar agregar nuez moscada y mantener caliente.

Ubicar las papas en el recipiente enmantecado sobreponiendo levemente las papas. Entre capa y capa poner un poco de sal y pimienta recién molida.

Cuando llegamos a la mitad de las papas volcar la mitad de la mezcla de leche y crema. Seguir agregando las papas restantes y luego el resto del líquido.

Repartir el queso rallado groseramente sobre las papas. Hornear por cerca de una hora hasta que este dorado y tierno. Dejar descansar por cinco minutos y salpicar con un poco de tomillo fresco.