¿Cómo era la vida de los judios en Alemania? ¿Te gusta una torta de queso clásica: käsekuchen?

La historia de los judíos en Alemania es emblemática de la historia de los judíos en Europa occidental, pues ha abarcado desde el antijudaísmo, la integración relacionada con el universalismo de la Ilustración hasta el antisemitismo moderno.JUDIOS CONDENADOS A LA HOGUERA mAPA

Llegada a la región de Renania en el tiempo del Imperio romano, la comunidad judía prosperó hasta fines del siglo XI. A partir de la Primera Cruzada, debió atravesar un largo período tormentoso, marcado por masacres, acusaciones de crímenes rituales, extorsiones diversas y expulsiones. Su condición jurídica se degradó. Se prohibió a los judíos ejercer la mayor parte de oficios. En el siglo XVIII, filósofos de la Ilustración, como Moses Mendelssohn, se indignaron por esta condición miserable e iniciaron una campaña de denuncia. Pero el camino que llevó a su emancipación fue largo, pues duró cerca de un siglo, tras lo cual la comunidad judía fue integrada a la sociedad. Su asimilación permitió un éxito económico e intelectual que despertó recelo en ciertos sectores.

A inicios de la Edad Media, las comunidades judías se encontraban sobre todo en la cuenca del Rin, principalmente en Worms, Spira y Maguncia; pero también en Ratisbona, Francfort y Passau. En esta época, vivían principalmente del comercio y gozaban de una gran autonomía. Los mercaderes judíos comerciaban con el Oriente y con los países eslavos vecinos. Las comunidades judías se desarrollaron hasta fines del siglo XI gracias a la tolerancia de los soberanos merovingios y carolingios. En los siglos XIII y XIV, muchos judíos franceses se refugiaron en Alemania. Los judíos alemanes hablaban un dialecto germánico cercano al alsaciano: el yídish, que se convertirá en la lengua de todos los judíos de la Europa Central.220px-Yiddish

Bajo el reinado de Ludovico Pío, se concedieron tres cartas a pedido de la comunidad judía, las cuales garantizaron a los judíos la protección de su vida y sus bienes, la libertad de comercio y la libertad religiosa (liceat eis secundum illorum legem vivere: «les fue acordado vivir según su ley»). Los judíos estaban, pues, bajo la protección directa del emperador y eran, por tanto, sus hombres. Si un judío era asesinado, el asesino debía pagar la enorme multa de diez libras de oro, es decir, dos veces lo que debía pagar si mataba a un caballero cristiano. El dinero de tal multa iba directamente al tesoro imperial. Fue designado un oficial, el Judenmeister, para defender sus privilegios. A mediados del siglo XI, Enrique III amenazó con la pérdida de los ojos y de la mano derecha a quien matara a un judío. Los carolingios incluso favorecían su establecimiento. Ciertos señores laicos y eclesiásticos hicieron lo mismo.

En 1084, Rüdiger Hutzmann, obispo de Espira, invitó a los judíos a instalarse en su ciudad, «para aumentar mil veces el honor de nuestra ciudad». Con esta finalidad, les concedió una serie de derechos conocidos bajo el nombre de privilegio de Rüdiger. Se les cedió un barrio separado para que pudieran montar guardia sobre sus muros, «para que no sean importunados por la muchedumbre». El barrio judío, situado cerca al Rin, estaba rodeado por una muralla y comprendía un cementerio y una sinagoga. Los judíos también contaban con su propia policía, el derecho a contratar servidores cristianos y a vender carne kasher a los no judíos. Asimismo, podían hacer venir a judíos extranjeros. Su burgomaestre tenía el mismo rango que aquel de Espira. Estos privilegios fueron confirmados por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1090 quien los extendió a Worms. La carta de Worms fue renovada en 1157 por Federico I Barbarroja que concedió igualmente una carta a la ciudad de Ratisbona en 1182.

En el siglo XI, la institución rabínica apareció en las comunidades renanas. Se basaba en la preeminencia del rabino, jefe espiritual de la comunidad o de una región entera. Ciertos centros renanos, como Espira, Worms, que poseían una sinagoga de estilo bizantino construida en 1034, o Maguncia dieron al judaísmo occidental una reputación de saber y piedad a semejanza de los centros franceses. Gracias a ellos, el Talmud se convirtió en una obra principalmente occidental. Surge la pregunta por qué los judíos se beneficiaron de una tolerancia religiosa rara para la época. La respuesta se encontraría en que los judíos fueron considerados testigos de la pasión de Cristo, conservadores de la Antigua Ley y como el pueblo llamado a la conversión en la cercanía del fin de los tiempos En el siglo X, la Semana Santa, que comenzaba a ser objeto de celebraciones religiosas, se convirtió en un período de acoso o, incluso, persecución para los judíos.

En diciembre de 1349 tuvo lugar el ataque de los judíos de Núremberg y de Hanóver. Con el retorno de la calma, los dirigentes de los principados y ciudades germánicas debieron determinar el castigo a infligir a los asesinos de judíos; sin embargo, el Emperador impuso una enorme multa de veinte mil marcos de plata a los habitantes de Fráncfort por la pérdida sufrida a causa de la masacre de los judíos. Otras multas fueron impuestas por los oficiales del tesoro imperial. La sanción principal provino de una ley imperial que dio en herencia al emperador la totalidad de las acreencias debidas a los judíos, de modo que los deudores, a menudo en el origen de los desordenes, ganaron muy poco de estos asesinatos.

En 1510, 40 judíos fueron quemados vivos en el Margraviato de Brandeburgo. Para conservar la memoria de los mártires de las diversas ciudades y regiones, ciertas comunidades redactaron los Memorbücher. Permitieron recordar el nombre de los mártires el día de Yom Kipur y el día del aniversario de las masacres de la Primera Cruzada. El trauma ocasionado por las masacres de los siglos XI y XII fue una de las razones que provocó que los judíos tomaran conciencia de ser una nación en exilio que anhelaba su país de origen. Petahia de Ratisbona escribió incluso un Itinerario en hebreo que permitió a la diáspora judía conocer la Tierra Santa.

En el plano religioso, el cambio de actitud frente a los judíos se puede explicar por la espera escatológica. Había que apresurar el retorno de Cristo convirtiendo la mayor cantidad posible de judíos al cristianismo. El papado que consideraba a los judíos como los «siervos de la Iglesia» no se opuso a la modificación de la condición de los judíos en el Imperio.

A pesar de las persecuciones, los eruditos judíos continuaron comentando la Biblia y el Talmud. Un nuevo movimiento, los Chassidei Ashkenaz («hombres piadosos de Alemania»), expertos tanto en Tossafot como en la Cábala, proporcionaron una educación que influyo a los judíos más allá de los Pirineos. Los rabinos escribieron himnos y lamentos litúrgicos que figuraron en parte en los libros de oración askenazíes. En el siglo XII, Rabbi Samuel ben Kalonymos propuso una doctrina oculta caracterizada por exigencias morales rigurosas y la importancia que daba a la preparación del sacrificio por la fe. En el siglo XIII, su hijo Rabbi Juda se distinguió por sus composiciones litúrgicas y el Sefer ha-Hassidim, el Libro de los devotos. Incluso en el período de la gran peste no puso fin a sus actividades intelectuales. Fue a mediados del siglo XIV cuando el puesto de rabino estuvo reservado para quienes habían realizado estudios y podían proporcionar una autorización escrita de su escuela. Jacob Möllin e Isaac Tyrnau fijaron definitivamente el ritual de las sinagogas alemanas.Fue en Alemania donde aparecieron los Majzorim, un conjunto de libros litúrgicos que contenían las oraciones y piezas litúrgicas de las festividades fijas y móviles anuales. Entre fines del siglo XIII e inicios del siglo XIV, fueron decorados con miniaturas que representaban a seres humanos con cabeza de pájaros u otros animales, para evitar representaciones naturales del hombre. El Majzor de Worms era particularmente famoso.Los Majzorim contenían también los Kinot (elegías) que relataban las persecuciones sufridas.

Los talleres judíos producían también bellos manuscritos ilustrados. Las miniaturas de las ciudades alemanas se caracterizaron por contener temas muy variados y una iconografía de una gran originalidad: muchos seres híbridos, monstruos, figuras legendarias, elaborados con trazos duros, destacados con colores claros. A inicios del siglo XIV, se propagaron dos técnicas de ornamentación no figurativa: la micrografía, una escritura minúscula cuyas líneas formaban los contornos de los motivos, y la filigrana, un ornamento trazado a pluma con tinta de color. El arte de la miniatura se detuvo bruscamente en 1348, cuando surgió la peste negra y las persecuciones derivadas de ella. En el siglo XV, se produjeron todavía Haggadot de formato pequeño, cuyos márgenes estaban animados por escenas bíblicas enriquecidas con elementos legendarios.

La organización de las comunidades

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Heiliger Sand, el cementerio judío de Worms.

La comunidad o kahal respondía a tres necesidades:

  • Las necesidades religiosas, para las cuales la comunidad establecía una sinagoga, un cementerio judío, baños rituales y un tribunal que zanjaba problemas tanto de estatus personal como procedimientos civiles y penales. El presidente del tribunal era generalmente el rabino, quien recibía un salario, al igual que el chantre y el sacristán.
  • La asistencia a los necesitados a través de fondos de caridad y comedores populares. En comunidades grandes, los judíos disponían de un hospicio y un hospital. Todas estas instituciones eran financiadas por el impuesto comunitario y por las donaciones testamentarias.
  • La defensa y la seguridad de la ciudad y de los bienes. Los jefes de la comunidad negociaban con la autoridad de la cual dependían (emperador, príncipe u obispo) una suma que deducían del conjunto de la comunidad. En muchas ciudades, los judíos debían encargarse de defender la ciudad de sus enemigos.

Las asociaciones benéficas, conocidas bajo el nombre de havarot, desempeñaron un papel importante en la vida de la comunidad. Estuvieron consagradas a la educación judía, a la instrucción de los niños pobres y a los necesitados. La más activa fue la Hevra kaddisha que se ocupaba de los entierros. La dispersión de las comunidades en el Sacro Imperio volvió difícil la organización de una autoridad central.

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La sinagoga fue, por lo general, construida al centro del barrio judío. La iglesia y el gobierno local imponían, en general, restricciones que limitaban su tamaño. En el mundo askenazí, obedecían los patrones románicos o góticos. Pero, al igual que las salas de oración, solían ser pequeñas y estrechas; como la de Worms, con su planta de dos naves con dos pilares centrales; y en Ratisbona, es difícil confundirlas con las majestuosas iglesias cristianas. La sinagoga de estilo gótico constaba de una larga sala dividida por tres pilares que soportaban la bóveda. El atril ocupaba el lugar central. Fue destruida después de la expulsión de los judíos de la ciudad.

En 1095, la prohibición de que los judíos portaran un arma, atributo tradicional del hombre libre, fue el anuncio del fin de la cohabitación pacífica entre judíos y cristianos. A partir del siglo XII, la condición de los judíos alemanes se degradó también en el plano jurídico. Fueron considerados como los descendientes de los prisioneros que Tito había concedido al tesoro imperial; se convirtieron en siervos de la Casa imperial. El emperador exigió de ellos un derecho de protección especial, luego una capitación de un denario de oro por cabeza, en recuerdo del antiguo fiscus judaicus. En 1215, el Cuarto Concilio de Letrán les ordenó llevar consigo una marca de su diferencia: un sombrero particular en forma de cono. Se multiplicaron las acusaciones de crimen ritual y de profanación de hostias. En julio de 1236, el emperador Federico II Hohenstaufen, que acogió en su corte de Palermo a judíos y musulmanes, convocó a una asamblea de judíos conversos al cristianismo acerca de los supuestos crímenes rituales. Aquellos afirmaron que no existía algo semejante en el judaísmo y, entonces, Federico II rechazó públicamente las acusaciones de crimen ritual. Pero tal comportamiento fue excepcional: la situación legal de los judíos alemanes siguió deteriorándose. En 1267, el sínodo de Breslavia requirió que todos los judíos vivieran en barrios reservados para separarlos de los cristianos. El aislamiento de los judíos se acentuó. A partir de 1349, después de la peste negra, las puertas de los guetos se cerraban cada noche. En 1463, el emperador afirmó que podía disponer de los judíos, en cuerpo y bienes, con toda libertad.

Las condiciones económicas de los judíos también se modificaron: abandonaron la agricultura, tanto para reagruparse como para formar comunidades organizadas, en particular, para el culto y las escuelas. Los judíos que tenían plazas privilegiadas en el comercio mediterráneo perdieron su posición cuando se desarrolló el gran comercio italiano o alemán. Su condición de no-cristianos terminó por apartarlos también del comercio interno. Por otra parte, perdieron su función de financistas de los emperadores y señores feudales y debieron abandonar el artesanado que les había brindado una reputación en las ciudades alemanas. No les quedó más que dedicarse al préstamo a riesgo o contra empeño a las poblaciones pobres, actividad muy impopular que les dio la reputación de usureros y explotadores. Los judíos vivían cada vez más replegados en sí mismos. Temían abandonar los guetos por la posibilidad de ser maltratados. Su aislamiento favoreció el surgimiento del yidis. La evolución lingüística de los judíos alemanes fue, desde entonces, diferente a la del resto del país. El yidis integró palabras del hebreo y se convirtió poco a poco en inteligible para los no-judíos.

Con cada advenimiento imperial, los judíos eran sistemáticamente despojados de sus bienes. Bajo el reinado de Rodolfo I de Habsburgo, los judíos comenzaron a abandonar el Sacro Imperio Romano Germánico. Por temor a perder una importante fuente de ingresos, las autoridades detuvieron al gran rabino Meir de Rothenburg. Desde 1355, los príncipes se apoderaron de una parte de las prerrogativas imperiales y podían tener pleno control de los judíos. Este permiso se extendió a varias ciudades libres. Muchos judíos emigraron de Alemania a Polonia. Boleslao V el Casto en 1264 y Casimiro III de Polonia en 1344 les otorgaron tierras y una condición favorable. A pesar del traslado, mantuvieron al yidis como su lengua de uso.

Cuando los nazis llegaron al poder en Alemania en 1933, los judíos vivían en todos los países de Europa. Un total de aproximadamente nueve millones de judíos vivían en los países que serían ocupados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la guerra, dos de cada tres de estos judíos estarían muertos, y la vida de los judíos de Europa cambiaría para siempre.

En 1933, las poblaciones de judíos más grandes se concentraban en Europa oriental, incluyendo Polonia, la Unión Soviética, Hungría y Rumania. Muchos de los judíos de Europa oriental vivían en ciudades o pueblos predominantemente judíos, llamados shtetls. Los judíos de Europa oriental vivían una vida separada como una minoría dentro de una cultura mayoritaria. Hablaban su propio idioma, yidish, que combina elementos del alemán y el hebreo. Leían libros en yidish e iban a obras de teatro y películas en yidish. Si bien muchos judíos jóvenes de ciudades más grandes estaban comenzando a adoptar modos y vestimentas modernas, la gente mayor se solía vestir de manera tradicional: los hombres usando sombreros y gorras, y las mujeres cubriéndose modestamente el cabello con pelucas o pañuelos.

En contraste, los judíos de Europa occidental —Alemania, Francia, Italia, Holanda y Bélgica— constituían un porcentaje mucho menor de la población y solían adoptar la cultura de sus vecinos no judíos. Se vestían y hablaban como sus compatriotas y las prácticas religiosas tradicionales y la cultura yidish desempeñaban un papel menos importante en sus vidas. Solían tener más educación formal que los judíos de Europa oriental y vivían en municipios o ciudades.

Había judíos de todas las profesiones y condiciones sociales, como por ejemplo granjeros, sastres, costureras, obreros, contadores, médicos, docentes y propietarios de pequeños comercios. Algunas familias eran ricas, pero muchas más eran pobres. Muchos niños dejaban la escuela temprano para comenzar a trabajar en algún oficio o como artesanos; otros tenían expectativas de continuar su educación en la universidad. Pero, independientemente de las diferencias, eran iguales en un aspecto: en la década de 1930, con el ascenso al poder de los nazis en Alemania, todos se convirtieron en víctimas potenciales y sus vidas cambiaron para siempre.

Walter Rathenau, una de las figuras políticas judías más prominentes de la República de Weimar, es asesinado por extremistas de derecha. Rathenau, que era presidente de la General Electric Corporation de Alemania (AEG) desde 1915, se convirtió en ministro de asuntos exteriores de la República de Weimar en 1922. Como judío, era odiado por los grupos de derecha particularmente por su política de cumplimiento de los términos del Tratado de Versalles y su normalización de las relaciones con la Unión Soviética. Su asesinato es sintomático de la campaña antisemita de la derecha que culpaba a los judíos por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

La llegada al poder de Hitler en 1933 puso a los judíos al margen de la sociedad alemana. A las persecuciones, siguieron la deportación y, luego, el exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, la comunidad judía se reconstituyó lentamente, gracias al apoyo del Gobierno federal alemán.

kasekuchen Käsekuchen

Käsekuchen

masa:

250 g harina

125 g manteca fría

1 pizca de sal

30 g azúcar

1 yema

2 cucharadas de agua fría

relleno:

750 g queso blanco 0 % grasa

½ taza de aceite de girasol

300 g azúcar

3 yemas

40 g Fécula de maíz

un chorrito de esencia de vainilla

½ l leche fría

3 claras batidas a nieve

Poner la harina en un bol; amasar con la punta de los dedos con la manteca, sal, azúcar, yema y agua o poner en procesadora; hacer un bollo, y dejar reposar en papel de aluminio durante una hora en la heladera.

Precalentar el horno a 180°. Mezclar el queso blanco con el aceite, azúcar, yemas, maizena, vainilla y leche, y batir.

Batir las claras a nieve y mezclar suavemente con el relleno en forma envolvente.

Forrar un molde desmontable de aprox. 26 cm de diámetro con la masa, pinchar el piso con un tenedor y rellenar con el batido de queso blanco.

Hornear la torta más bien en la parte baja del horno aprox. 50-60 min. No abrir la puerta del horno hasta 10 minutos antes de finalizar la cocción. Dejar que la torta enfríe dentro del horno.

Holanda y la presencia judia sefaradi y ashkenasi. Anna Frank y su herencia. Que tal un riquisimo arenque marinado

En 1492 España había expulsado a su población judía. Muchos de ellos emigraron a Portugal, el asilo más cercano y accesible para ellos. Allí terminaron sufriendo más de lo que sucedió en España, con el bautismo forzado al que fueron sometidos en 1496 por el rey Manuel I, yerno de los Reyes Católicos Isabel y Fernando.

Cien años más tarde, sus descendientes perseguidos por la Inquisición, que deseaban vivir libremente como judíos, se dirigieron a la ciudad de Amsterdam, que el historiador Cecil Roth denominó como «la Jerusalén holandesa».

Liberados de la intolerancia religiosa y de la opresión de la monarquía española, se establecieron allí, además de otras regiones de Europa.

En la ciudad se creó una nueva comunidad de judíos sefardíes, que creció rápidamente con características muy especiales. Los judíos de origen portugués y de tradición sefaradita se dedicaron a navegar los mares del mundo, muchos hicieron fortunas y fundaron nuevas comunidades en Brasil, el Caribe y hasta las Colonias Inglesas.

En la calle de Houtgracht, a una manzana de la casa de Rembrand, vivía Miguel Spinoza. Su hijo, Baruch, fue uno de los filósofos más radicales y denigrados que fue excomulgado permanentemente.

Los nombres españoles y portugueses eran muy visibles para sus vecinos, pese a que se vestían, se peinaban y se arreglaban como holandeses, lo mismo que sus apellidos que también fueron transformados en holandeses con fines comerciales.

Los judíos askenazíes llegaron de las tierras germánicas, escapando de las penurias y la miseria ocasionada por la Guerra de los Treinta años y de Polonia de las masacres realizadas por las hordas del Atamán Bogdan Jmelnytsky durante la rebelión de los cosacos (1648 y 1649). Durante las guerras de los polacos contra los rusos y los suecos se destruyeron numerosas comunidades judías en Europa Oriental.

Desde el principio las diferencias de condición y de clase entre los dos grupos judíos uno sefaradí y el otro ashkenazi fueron muy profundas y notorias. Los sefardíes eran gente acaudalada con un elevado nivel de educación, mundano y refinado en tanto que los ashkenazim eran extremadamente pobres, de condición marginal aun en sus comunidades de origen, pocos de ellos sabían leer y escribir algún otro idioma que no fuera el Yidish o el hebreo.
Limitados en poder unirse a los gremios, los askenazíes se dedicaron a trabajar para su sustento en tareas como el comercio minorista, la nueva manufactura del tallado de diamantes y las actividades como prestamistas. Las diferencias entre las dos secciones judaicas eran muy notorias, los sefaradíes grababan sus cubiertos y objetos ceremoniales con sus escudos de armas.

Con el trascurrir del tiempo las cosas fueron cambiando, a comienzos del siglo XVIII la comunidad portuguesa se había estancado, las condiciones económicas se habían tornado dificultosas, los problemas financieros se agudizaron y numerosas fortunas se habían esfumado con la bancarrota.

Por otra parte la comunidad ashkenazi había crecido y se adaptaba mejor a las nuevas circunstancias. Ambas comunidades residían juntas en la misma ciudad y en el mismo barrio.

La Revolución Francesa y la proclamación de la República de Batavia en 1796 cambiaron radicalmente las cosas, en la Asamblea Nacional, libre y directamente elegida por los habitantes de las Provincias Unidas se estableció que desde ahí en adelante los judíos serían ciudadanos holandeses logrado así su emancipación.

Comunidades, tanto askenazíes como sefaradíes se habían dividido entre los sectores dominantes ricos y poderosos a otro grupo progresista también, integrado por miembros de ambas comunidades que lucharon por los derechos de los nuevos ciudadanos.

Fue así que los judíos, en 1848, pasaron a formar por primera vez, parte del gobierno de la ciudad y de la Asamblea Nacional. Los judíos de Amsterdam eran el diez por ciento de su población con una interesante vida cultural que vemos reflejada en el teatro que vemos en la foto.

Teatro Judio en HolandaLa industria judía del diamante prosperó a través de todo el siglo XIX, llegando a ser una de las principales industrias de Amsterdam (denominada con el nombre de la Ciudad de los Diamantes) famosa por su tallado de Ámsterdam.

A fines del siglo XIX varios de los judíos se mudaron a un nuevo vecindario de Amsterdam donde erigieron la sinagoga en Gerard Dou 238. Que es una de las más antiguas sinagogas askenazíes que está en funcionamiento en Amsterdam. Construida en el año 1892 por la sociedad “Israëls Hulpe” (Ayuda de Israel), que tiene un lugar especial en la comunidad judía ortodoxa de Amsterdam.lette-valeska-nuestra-sinagoga-pintores-y-pinturas-juan-carlos-boveri Sinagoga_Amsterda

Durante el Rosh Hashana de 5703 (1943) la sinagoga ofreció su último servicio en los años de la guerra. Ocultada entre dos casas en la angosta calle la sinagoga permaneció guardada de los ojos de los nazis, el edificio sobrevivió a la guerra.

El primer servicio en Holanda después de que la Segunda Guerra Mundial fue la segunda mañana de Shabbat después del 5 de mayo de 1945. En ese tiempo fue la única sinagoga ashkenazi que puedo ser usada en Amsterdam

El documento más conocido mundialmente de la vida de los judíos en Holanda durante la época de la segunda guerra mundial es el Diario de Anna Frank que es un doloroso recuerdo de los sufrimientos de los que quedaron en Ámsterdam en esa época. Permanece el lugar donde estuvo escondida durante la guerra como museo y la enseñanza que la organización que se creó allí con sucursales en diversos lugares del mundo y también en la Argentina con una fuerte presencia en la educación contra el antisemitismo y la discriminación en el mundo.

Arenque Marinado

arenques al enedo

Ingredientes:

6  filetes de lacha

4  Cebollas en juliana

1    taza de Vinagre

1/4 taza de Agua

2 cucharaditas de Azúcar

2 hojas de  Laurel

2 cucharaditas de Especias (pimienta en grano,clavo de olor, hojas de laurel)

3/4 taza de  Crema de leche (opcional)

Eneldo

Procedimento:

Lavar bien las lachas y sumergirlas en agua fria por ½ hora. Descartar el líquido. Cortar las lachas en trozos de 5 cm. Colocarlos en un recipiente con tapa hermética en capas alternadas con la cebolla.

En una ollita de acero inox. hervir el vinagre, el agua, el azúcar, las especias y las hojas de laurel.  Enfriar y echar sobre las lachas.Agregar el eneldo picado finamente. Tapar y sacudir un poco . Pasar a la heladera y dejar por 48 hs. antes de servir.
Si se desea, se puede servir agregando la crema .Se conserva bien en heladera por espacio de una semana. Decorar con eneldo.
Sirve para 6 a 12 porciones.